viernes, 27 de abril de 2012


EL MITO Y LA RAZÓN
Dr. Cs. Carlos M. Álvarez de Zayas
COMENTARIO AL LIBRO "FILOSOFÍA MITOCRÁTICA Y MITOCRATOLOGÍA" 
DE GUSTAVO FLORES QUELOPANA




Los que nos hemos acercado a la Filosofía por el camino de las ciencias naturales (en 
nuestro caso Física), sabemos que, desde el punto de vista epistemológico cada paso 
dado en función de explicar los fenómenos que se dan en la realidad objetiva y material 
estudiados por esta ciencia, requieren de encontrar un modelo, una abstracción 
concebida en la mente del investigador, en el que él presupone, muy subjetivamente en 
que,  a partir de dicho modelo  y de sus inferencias, se pueden resolver los problemas 
presentes en la realidad concreta.
Dichas abstracciones en su etapa de concepción, del parto difícil de tratar de explicar el 
acontecer de esos fenómenos, son ideas, son especulaciones, son fantasías que,  en su 
esencia, tienen la estructura de un mito. La cual en general, es  “una narración que 
describe y retrata en lenguaje simbólico el origen de los elementos y supuestos básicos 
de una cultura”. 
Esa modelación sintética,  inductiva,  subjetiva,  inmanente  del objeto de estudio, 
presupone que, a la vez, se produce una caracterización analítica, deductiva, objetiva y 
trascendente del mismo, en forma de propiedades y magnitudes  que,  debidamente 
relacionadas entre sí, expresen regularidades y leyes  esenciales  que, interpretadas 
adecuadamente, posibilitan la solución de problemas. Pero ese proceso, que se describe 
rápidamente, es el resultado en algunos casos de años, sino de siglos, de meditaciones,
fracasos y éxitos parciales.
Por ejemplo, la Mecánica clásica, se concibió por I. Newton, sobre la base de tres 
principios, que son una generalización de  las  ideas que durante siglos se fueron 
acumulando y que, en su pensamiento genial, se fueron sistematizando. Entre ellas está 
el concepto de límite que, aunque tiene cuatro siglos de validación experimental, en el 
modelo que se concibió,  casi con un criterio de fe, se concibió como  un proceso de 
etapas infinitas en que el valor de una de las variables (el tiempo) se va reduciendo y 
tendiendo a cero, sobre la base del cual se explica la relación entre variables, como es la 
magnitud velocidad.
De ese modelo se infiere una consecuencia decisiva para el razonamiento científico de 
la etapa histórica de la modernidad:  Si conozco las condiciones iniciales y la ley que 
rige el movimiento, puedo predecir unívocamente el lugar que ocupará el cuerpo en un 
cierto intervalo de tiempo. Parecería que al fin habíamos superado la escolástica, que 
todo el movimiento está sometido a leyes que objetivamente y sin la interferencia de la 
subjetividad (el mito) nos permite dirigir los procesos que indefectiblemente van a 
acaecer. Para ese pensamiento denominado positivista, eso es ciencia y lo demás 
pensamientos religiosos execrables, anticientíficos y retrógrados.

No hay comentarios:

Publicar un comentario